El poder antiinflamatorio de las cremas o bálsamos de marihuana, así como su capacidad para reducir el dolor articular y muscular, es de sobra conocido por miles de usuarios, que a lo largo de todo el mundo, llevan décadas utilizándolos para tratar el malestar causado por contracturas, contusiones, quemaduras, eccemas, etc. La base de estas cremas es el aceite de marihuana rico en cannabinoides como el CBD, THC, CBN, CBG, además de ácidos grasos esenciales omega 3, omega 6, omega 9 y ácido ganmalinoleico, ceras y terpenos naturales. que la convierten en un producto natural cuyas propiedades más destacadas son:

Hidratante, reparador y regenerador de la piel dañada

Es un potente antioxidante y anti-envejecimiento.

Ayuda a tratar las estrías, la psoriasis, quemaduras y eccemas

Disminuye las molestias en pieles atópicas

Activa la circulación y posee efecto calmante

Antiinflamatorio

Ayuda a combatir el dolor crónico

Es ideal para masajes por su efecto relajante y activador

Actualmente están apareciendo en el mercado, cada vez más empresas, que atraídas por el boom del CBD y todo lo relacionado con el cannabis, empiezan a comercializar cremas de cannabis sin THC pero si con Cannabidiol. Pues bien, hoy os vamos a enseñar como preparar una potente crema de cannabis de una forma muy sencilla, y con un coste muy reducido.

Materiales necesarios

  • 10 - 20 gr de cogollos de marihuana, o restos de poda con tricomas
  • ½ litro de agua destilada
  • 250 ml aceite de coco u oliva
  • 30 gr de cera de abeja
  • 1 cazuela o cacerola mediana y 1 más pequeña
  • colador de tela y jarra graduada
  • frascos de cristal para envasar el bálsamo
  • Manos a la obra!

Pasos a seguir para hacer tu crema de marihuana

Lo primero que necesitamos, aunque pueda parecer obvio, son algunos cogollos de marihuana que no vayamos a fumar. Se pueden utilizar recortes o restos de poda, pero debemos tener en cuenta, que cuanto mayor calidad y potencia tenga la hierba utilizada, mayor será la concentración de cannabinoides en nuestra crema.

El proceso de elaboración del bálsamo requiere una serie de sencillos pasos: extracción de los cannabinoides en el aceite, filtrado y separación del aceite, mezcla de los ingredientes y envasado.

Extracción de los cannabinoides en el aceite

En primer lugar, para poder llevar a cabo esta receta, necesitamos extraer los cannabinoides de los cogollos para poder incorporarlos al bálsamo. La mayoría de cannabinoides son solubles en líquidos grasos como el aceite de oliva o la manteca de coco. Para ello, picamos bien la hierba a utilizar y la introducimos en el congelador durante algunas horas, esto facilita el proceso de extracción.

Seguidamente, introducimos el material vegetal en la cazuela mediana y le añadimos el aceite de oliva o la manteca de coco (también podéis utilizar manteca de karité, manteca de cacao, aceite de aguacate, o cualquier otro aceite vegetal de calidad). Añadimos también el agua destilada, esto nos permitirá calentar toda la mezcla sin riesgo de que el aceite se caliente en exceso y se deterioren los cannabinoides.

Colocaremos la mezcla tapada, a fuego medio al principio y bajo después, siempre sin que llegue a hervir, y mantenemos durante 4 o 6 horas, removiendo de vez en cuando. El proceso de extracción en aceite es lento y requiere algo de paciencia.

Separación y filtrado del aceite

Una vez terminado el proceso, debemos filtrar la mezcla con un colador de tela, de modo que no pasen restos vegetales. Y posteriormente separar el aceite (que contiene los principios activos) del agua (que no necesitamos en la preparación).

Para separar la parte acuosa del aceite, lo filtramos todo y se vierte en un bol, se deja enfriar y se introduce en el congelador. Pasadas unas horas, dependiendo de la cantidad utilizada, las dos partes de la solución se habrán separado, debido a las diferentes densidades de cada líquido, y podréis recoger el aceite muy fácilmente.

Mezcla de los ingredientes

Ya tenemos nuestros preciados cannabinoides incorporados en el aceite, ahora solo nos queda convertirlos en un bálsamo. Aquí es donde entra en juego la cera de abeja, un producto totalmente natural, cuya función es la de aportar la densidad y consistencia típica de un bálsamo.

Llenamos una cazuela mediana con agua y colocamos el cazo más pequeño sobre el agua, del mismo modo que realizamos un baño maría. Ahora añadimos la cera de abeja y el aceite al cazo pequeño y removemos, hasta que toda la cera se haya disuelto y quede un disolución homogénea.

Envasado en frascos herméticos

Es importante retirar el aceite con la cera de abeja, antes de que se enfríe y comience a solidificarse. Lo recomendable es envasarla en frascos de cristal herméticos y guardarlas en un lugar oscuro y protegido del calor, algunos principios activos se deterioran con la luz directa y el calor excesivo.

Una jarra con cuello para verter, o una jeringa ancha son muy útiles para introducir el bálsamo, todavía líquido, en los frascos definitivos, para su perfecta conservación. Con las cantidades empleadas se obtendrán aproximadamente 240 ml de bálsamo de marihuana, por lo que podéis utilizar 3 tarros de 80 ml, o uno más grande.

Transcurridos entre 30 minutos y 1 hora, el bálsamo se habrá enfriado y habrá adquirido la consistencia deseada, y estará listo para aplicar y disfrutar de sus maravillosas propiedades.

Weedo trucos

Si queréis añadir un efecto calor al bálsamo y potenciar su propiedades, antiinflamatorias y calmantes del dolor, podéis complementarlo con unas gotas de aceite esencial de cajeput, canela o clavo.

También se puede conseguir un efecto frío, muy refrescante y expectorante si añadimos con la mezcla aún caliente, mentol cristalizado, alcanfor o aceite esencial de menta y eucalipto.

Los aceites esenciales son productos muy concentrados, por lo que se deben añadir en una proporción muy baja, se recomienda no exceder de un 1% de concentración total de aceites esenciales en la mezcla. Para la receta de hoy, será suficiente con 10 - 15 gotas en total de aceites esenciales puros.